martes, 13 de diciembre de 2011

La movilidad sostenible en las ciudades actuales

En las últimas décadas el coche ha invadido la ciudad. Se ha pasado de formas ambientalmente más racionales y socialmente más seguras como los transportes públicos, caminar o ir en bicicleta a otras más contaminantes y peligrosas como el uso exclusivo del vehículo particular. Como consecuencia de todo ello, los impactos ambientales y socioeconómicos que esto provoca son de mayor dimensión. Un modelo de movilidad basado en los desplazamientos diarios en vehículo privado genera, no sólo más consumo de energía (con la correspondiente emisión de GEI´s), sino también más contaminación atmosférica y acústica, mayor demanda de infraestructuras, más ocupación de territorio y aumento del riesgo de accidentes.

A día de hoy, y de manera general, los hábitos de movilidad en la ciudad siguen caracterizándose por una expansión urbana continua y una dependencia creciente respecto del vehículo privado. Dicha expansión incrementa las distancias físicas entre los principales usos del suelo (vivienda, trabajo, comercio, servicios públicos), favorece las estructuras urbanas dedicadas a un solo uso y, por tanto, aumenta la fragmentación del territorio y la dependencia del vehículo particular. Se está pasando de un modelo de ciudad denso y compacto, en el que los servicios son atendidos dentro de las áreas urbanas principales, a un modelo disperso de zonificación total, en el que la distancia entre destinos es muy superior y donde la utilización del vehículo privado es casi imprescindible para satisfacer las necesidades.

Las ciudades tienen una capacidad finita para absorber tráfico motorizado, debido a su estructura urbana, su carácter, y su edificación.

La ecuación automóvil-obra civil–carburantes se ha convertido en uno de los principales motores económicos, y ha modelado el territorio, y aún la sociedad entera y sus pautas de comportamiento, en función de su conveniencia. Por tanto, los problemas en el ámbito de la movilidad no admiten soluciones tecnológicas milagrosas. Su paulatina resolución va a requerir de un gran esfuerzo colectivo de concienciación ciudadana, de participación y responsabilidades compartidas en el rediseño de la ciudad y el espacio urbano, en la concepción del tejido metropolitano y en los modos de transporte utilizados. Llevando además a cabo acciones orientadas a incentivar el uso de los transportes públicos y modos autónomos (bicicletas y peatones) e incrementar la dificultad de accesibilidad de los vehículos privados.



Algunas medidas.


En primer lugar, se hace necesario llevar a cabo medidas que apuesten por un diseño urbano orientado a las personas, no al vehículo privado como hasta ahora, basado en magnitudes humanas y espacios de convivencia, no “de paso”. Por tanto, toda la planificación territorial en general, y urbana en particular, debe tener en cuenta estas premisas básicas que por otro lado no son novedosas en muchas ciudades del norte de Europa, donde encontramos ciudades constituidas por barrios compactos, pensados para el peatón, con mixtura de usos, e integrados en un sistema urbano mayor, de tipo policéntrico y orientado al transporte público, donde el tránsito del vehículo esté restringido y desincentivado.
Las medidas de fomento del transporte público y los modos autónomos son en la actualidad las más desarrolladas en el ámbito de la movilidad sostenible. El incremento de la eficacia de las líneas de autobuses a través del aumento de la velocidad comercial y disminución de los tiempos de espera mediante la creación de plataformas reservadas, la construcción de nuevas líneas de metro y ferrocarril, la vuelta a nuestras ciudades de la figura del tranvía, el desarrollo de carriles bici, el crecimiento de las zonas peatonales y las restricciones para la circulación del vehículo privado (que suelen llevar aparejadas medidas como los aparcamientos disuasorios), son claro ejemplo del esfuerzo que se está haciendo por crear conciencia cívica y responsabilidades compartidas en el gran reto de recuperar la ciudad.

Los viajes al trabajo y a la escuela (lo que se conoce como movilidad obligada) suponen ya un 54% de la movilidad general en los días laborables, por lo que otras de las medidas con mayor impulso en la actualidad, favorecidas por ayudas de las instituciones públicas, son la creación de los planes de movilidad a los centros de trabajo y los caminos escolares seguros.

Los centros de trabajo son lugares a los que se asocian grandes flujos de movilidad (dependiendo del tamaño y plantilla del mismo) ya que son idéntico punto de destino y origen de numerosos desplazamientos en unas franjas horarias determinadas, por ello, contribuyen notablemente a los problemas circulatorios diarios. A través de estos planes de movilidad se establecen, tras un diagnóstico de la realidad de cada centro de trabajo, medidas encaminadas a favorecer el uso de los transportes públicos o privados colectivos, los modos autónomos o el uso de coche compartido, teniendo siempre entre sus objetivos disminuir las emisiones de GEI´s asociadas a la movilidad.

Por otro lado, los caminos escolares seguros son itinerarios flexibles y de trazado sencillo que permiten el desplazamiento a pie o en bicicleta de los niños y las niñas, y que se escogen entre los recorridos que la mayoría del alumnado utiliza más. El camino escolar es una iniciativa destinada a impulsar la recuperación del espacio público como espacio de relación y convivencia, y como una manera innovadora y participativa de abordar la educación hacia la movilidad. Hay que destacar que en este tipo de iniciativas es indispensable la participación y coordinación tanto del alumnado, profesorado y familia, como de la administración local, asociaciones y establecimientos de los barrios.

Isaac Carrasquilla Navarrete
icarrasquilla@ecomimesis.com

jueves, 3 de noviembre de 2011

MODA SOSTENIBLE

La aparición de consumidores preocupados por los problemas ambientales y sociales de la actualidad y la necesidad de consumir productos acordes a sus principios está provocando que los mercados oferten nuevas líneas de productos más respetuosos con el medio: comida ecológica, productos de comercio justo o el papel reciclado son algunos de los ejemplos. Y recientemente, se empieza a comerciar una línea de moda sostenible.


La moda sostenible, también conocida como ropa ética, es la etiqueta que se le atribuye a aquellas prendas que, desde la dimensión ambiental, utiliza materiales de bajo impacto, como tejidos orgánicos, biodegradables y reciclables; no hace uso de técnicas agresivas con el medio, en relación a tintes e impresiones; y optimiza el gasto energético, tanto en su fabricación como en su distribución. En relación a la dimensión social, contempla criterios de comercio justo en la adquisición de los tejidos, promoviendo la igualdad entre trabajadores de países del norte y sur.


Firmas de todo el mundo se están sumando a esta iniciativa y podemos encontrar ejemplos como People Tree, creadores de moda orgánica de Comercio Justo. Para la elaboración de sus prendas utilizan algodón 100% orgánico certificado, elaborado por artesanos procedentes de Bangladesh, India y Nepal a través de un convenio de comercio justo. Otro ejemplo es la marca escocesa de cachemira Ballantyne, que ha creado un tejido que denominan “cachemira inteligente” el cual es resistente al agua y permanece en buenas condiciones durante más tiempo, promoviendo una mayor vida útil del producto. En España también encontramos grandes firmas como el Naturalista, expertos en elaborar zapatos con productos naturales y reciclados.


Pero parece que no es oro todo lo que reluce, pues las voces más críticas aseguran que estamos ante una campaña de marketing, ya que lo "verde vende". Otro inconveniente de esta línea de moda es su alto precio, pues contempla el coste que implica fabricar una prenda de forma justa, ambiental y socialmente hablando. Esto le resta competitividad en el mercado, caracterizado por camisetas a 5,95€, lo que persuade al potencial comprador y promueve que solo las grandes firmas puedan permitirse la fabricación de una línea de moda al alcance de unos pocos.


Por ello, no abogo en este artículo por la promoción de la ropa ética, sino por la evolución a consumidor ético, que no es la persona que se compra mil camisetas sostenibles, sino que elige solo la que necesita. Y no se trata solo de disminuir el consumo, sino de elegir; elegir la tienda de barrio frente a las grandes multinacionales, evitando así la imposición de un monopolio de la moda - además, así te evitas encontrarte a tres amigos vestidos con la misma camiseta que tú-; elegir comprar ropa de segunda mano, una opción más barata y sostenible; elegir aprender a coser y remendar la ropa rota; elegir a reutilizar, transformando un pareo en un bolso; etc. En otras palabras, tomar la elección de controlar nuestro consumo, sin olvidar que el término “fashion victim” fue creado para hacernos creer que no tenemos opciones, que somos meras víctimas. Todo lo contrario, somos el poder, y debemos tener siempre presente que son nuestras exigencias las que cambian las tendencias del mercado.

Miriam Navarro

@mnavdia